mutuamente. Esto, por supuesto, no podía ser. Pero así sucedió, sin embargo, que la condesa almorzaba a la hora de la comida y que siempre subía por la tarde, a pesar de que la señora Rubelle la había relevaron por completo de las tareas de enfermería. Sir Percival cenaba solo, y William (el criado sin librea) hizo el comentario, oyéndolo yo, de que su amo se había puesto a media ración de comida y a doble ración de bebida. No le concedo ninguna importancia a una observación tan insolente por parte de un criado. La censuré en su momento, y deseo que se entienda que vuelvo a censurarla en esta ocasión.
En el curso de los días siguientes, a todos nos pareció sin duda que la señorita Halcombe estaba mejorando un poco. Nuestra fe en el señor Dawson revivió. Él se mostraba muy seguro respecto al caso y le aseguró a lady Glyde, cuando ella le habló sobre el asunto, que sería él mismo quien propondría llamar a un