parecido personal entre la mujer de blanco y Lady Glyde resultaba clara sin lugar a dudas. > Era evidente que habían introducido a Anne Catherick en la casa del conde Fosco haciéndola pasar por Lady Glyde; era evidente que Lady Glyde había ocupado el lugar de la difunta en el manicomio, habiéndose manejado la sustitución de tal modo que se convirtió a personas inocentes (el médico y los dos sirvientes sin duda, y con toda probabilidad el dueño del manicomio) en
La segunda conclusión vino como consecuencia necesaria de la primera. Nosotros tres no podíamos esperar ninguna misericordia por parte del conde Fosco y de Sir Percival Glyde. El éxito de la conspiración había reportado una ganancia neta a esos dos hombres de treinta mil libras: veinte mil para el uno, diez mil para el otro a través de su esposa. Tenían ese interés, además de otros intereses, en garantizar su impunidad frente al escándalo, y no dejarían piedra sin mover, ni sacrificio por intentar, ni traición por probar, para descubrir el lugar en el que su víctima estaba oculta y separarla de los únicos amigos que tenía en el mundo: Marian Halcombe y yo.
El sentido de este grave peligro —un peligro que cada día y cada hora podía acercarnos más y más— fue la única influencia que me guio al fijar el lugar de nuestro refugio. Lo elegí en el extremo este de Londres, donde había menos gente ociosa para holgazanear y curiosear por las calles. Lo elegí en un barrio pobre y populoso porque, cuanto más dura fuera la lucha por la existencia entre los hombres y mujeres que nos rodeaban, menor sería el riesgo de que tuvieran el tiempo o se tomaran la molestia de reparar en los extraños casuales que llegaban entre ellos. Estas eran las grandes ventajas que buscaba, pero nuestra localidad también nos resultaba beneficiosa en otro aspecto apenas menos importante. Podíamos vivir frugalmente del trabajo diario de mis manos y ahorrar cada céntimo que poseíamos para impulsar el propósito, el justo propósito, de reparar una infame injusticia que, de principio a fin, mantuve ahora firmemente en mente.