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nydus/The Wealth of NationsPublic
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III. De las deudas públicas

De las deudas públicas

En ese estado rudos de la sociedad que precede a la extensión del comercio y al perfeccionamiento de las manufacturas, cuando esos costosos lujos que solo el comercio y las manufacturas pueden introducir son del todo desconocidos, la persona que posee una gran renta, como he procurado demostrar en el tercer libro de esta Investigación, no puede gastar o disfrutar dicha renta de ninguna otra manera que manteniendo a casi tantas personas como esta pueda mantener. Puede decirse que una gran renta consiste en todo momento en el dominio de una gran cantidad de las necesidades de la vida. En ese estado rudo de las cosas, por lo común se paga en una gran cantidad de dichas necesidades, en materias de alimentos sencillos y vestidos bastos, en grano y ganado, en lana y pieles sin curtir. Cuando ni el comercio ni las manufacturas proporcionan nada por lo cual el propietario pueda cambiar la mayor parte de aquellos materiales que exceden su propio consumo, no puede hacer otra cosa con el excedente que alimentar y vestir a casi tantas personas como este pueda alimentar y vestir. Una hospitalidad en la que no hay lujo, y una generosidad en la que no hay ostentación, ocasionan, en esta situación de las cosas, los principales gastos de los ricos y los grandes. Pero estos, como asimismo he procurado demostrar en el mismo libro, son gastos mediante los cuales la gente no suele arruinarse con facilidad. No hay, tal vez, ningún placer egoísta tan frívolo cuya persecución no haya arruinado a veces incluso a hombres sensatos. La pasión por las peleas de gallos ha arruinado a muchos. Mas los casos, según creo, no son muy numerosos de personas que se hayan arruinado por una hospitalidad o liberalidad de esta clase; si bien la

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