Cuando el endeudamiento público, además, ha hecho ciertos progresos, la multiplicación de impuestos que conlleva perjudica a veces tanto la capacidad de los particulares para acumular aun en tiempo de paz, como lo haría el otro sistema en tiempo de guerra.
Los ingresos ordinarios de Gran Bretaña ascienden en la actualidad a más de diez millones al año. Si estuvieran libres y sin gravar, podrían ser suficientes, con una gestión adecuada y sin contraer ni un chelín de nueva deuda, para llevar a cabo la guerra más vigorosa.
Los ingresos privados de los habitantes de Gran Bretaña están hoy tan gravados en tiempo de paz, y su capacidad de acumulación está tan mermada, como lo habría estado en la época de la guerra más costosa de no haberse adoptado nunca el pernicioso sistema del endeudamiento público.
En el pago de los intereses de la deuda pública, se ha dicho, es la mano derecha la que paga a la izquierda.
El dinero no sale del país. Es solo una parte de la renta de un sector de los habitantes que se transfiere a otro; y la nación no es ni un céntimo más pobre.
Esta apología se basa por completo en la sofística del sistema mercantil, y tras el largo examen que ya he dedicado a dicho sistema, tal vez sea innecesario decir nada más al respecto.
Supone, además, que toda la deuda pública se debe a los habitantes del país, lo cual resulta no ser cierto; pues los holandeses, así como varias otras naciones extranjeras, poseen una parte muy considerable de nuestros fondos públicos.
Pero aunque toda la deuda se debiera a los habitantes del país, no por ello sería menos perniciosa.