general el efecto, no de su pobreza necesaria, sino de su empresa innecesaria y excesiva. No es porque sean pobres por lo que sus pagos son irregulares e inciertos; sino porque están demasiado ávidos por volverse excesivamente ricos. Aunque toda esa parte del producto de los impuestos de las colonias, que excedía lo necesario para sufragar los gastos de sus propios establecimientos civiles y militares, hubiera de ser remitida a Gran Bretaña en oro y plata, las colonias disponen abundantemente de con qué adquirir la cantidad requerida de dichos metales. * En este caso se verían obligadas, en verdad, a cambiar una parte de su producto excedente, con el que ahora compran capital activo y productivo, por capital inactivo. * Al realizar sus negocios domésticos se verían obligadas a emplear un instrumento de comercio costoso en lugar de uno barato; y el gasto de adquirir este costoso instrumento podría mermar un tanto la vivacidad y el ardor de su empresa excesiva en la mejora de la tierra. Sin embargo, tal vez no fuera necesario remitir ninguna parte de la renta americana en oro y plata. Podría ser remitida en letras libradas sobre y aceptadas por determinados comerciantes o compañías en Gran Bretaña, a quienes se hubiera consignado una parte del producto excedente de América, los cuales ingresarían en el tesoro la renta americana en dinero, tras haber recibido ellos mismos su valor en mercancías; y todo el negocio podría transigirse con frecuencia sin exportar ni una sola onza de oro o plata
No es contrario a la justicia que tanto Irlanda como América contribuyan a la amortización de la deuda pública de Gran Bretaña. Esa deuda ha sido contraída en apoyo del gobierno establecido por la Revolución, un gobierno al cual los protestantes de Irlanda deben no