las colonias del norte, a Carolina del Sur, de cinco peniques el galón. O si ninguno de estos métodos resultara conveniente, cada familia podría abonar una cantidad fija por su consumo de este licor, ya sea según el número de personas de que constara, de la misma manera que las familias particulares pagan un cantidad fija por el impuesto sobre la malta en Inglaterra; o según las diferentes edades y sexos de esas personas, de la misma manera que se recaudan varios impuestos diferentes en Holanda; o casi como Sir Matthew Decker propone que se recauden en Inglaterra todos los impuestos sobre productos de consumo. Este modo de tasación, ya se ha observado, cuando se aplica a objetos de consumo rápido, no es muy conveniente. Podría adoptarse, sin embargo, en los casos en que no se pudiera hacer algo mejor.
El azúcar, el ron y el tabaco son mercancías que en ninguna parte son artículos de primera necesidad, que se han convertido en objetos de consumo casi universal y que, por