Una milicia, sin embargo, de cualquier manera que esté disciplinada o adiestrada, debe ser siempre muy inferior a un ejército regular bien disciplinado y bien adiestrado.
Los soldados, que solo se ejercitan una vez a la semana o una vez al mes, nunca pueden ser tan expertos en el uso de las armas como aquellos que se ejercitan todos los días o día por medio; y aunque esta circunstancia puede no ser de tanta importancia en los tiempos modernos como lo era en la antigüedad, la reconocida superioridad de las tropas prusianas, debida, según se dice, en gran medida a su mayor destreza en el ejercicio, puede convencernos de que, incluso hoy en día, es de una importancia muy considerable.
Los soldados, que están obligados a obedecer a su oficial solo una vez a la semana o una vez al mes, y que en todo lo demás tienen la libertad de gestionar sus propios asuntos a su manera, sin rendirle cuentas en ningún sentido, jamás podrán sentir el mismo respeto en su presencia, ni tener la misma disposición a la obediencia pronta, que aquellos cuya vida y conducta enteras son dirigidas por él todos los días, y que incluso se levantan y se acuestan todos los días, o al menos se retiran a sus cuarteles, según sus órdenes.
En lo que se llama disciplina, o en el hábito de la obediencia pronta, una milicia debe ser siempre todavía más inferior a un ejército permanente de lo que a veces puede serlo en lo que se llama el ejercicio manual, o en el manejo y uso de las armas. Pero en la guerra moderna el hábito de la obediencia pronta e instantánea tiene mucha más importancia que una superioridad considerable en el manejo de las armas.
Aquellas milicias que, como la milicia tártara o la árabe, van a la guerra bajo los mismos jefes a los que están acostumbrados a obedecer en tiempos de paz, son con mucho las mejores.