pompa de una corte. Por amor a una pompa inferior de la misma índole, sus nobles despiden a sus vasallos, independizan a sus arrendatarios y se vuelven gradualmente tan insignificantes como la mayor parte de los ricos burgueses de sus dominios. Las mismas pasiones frívolas que influyen en la conducta de ellos influyen en la suya. ¿Cómo puede suponerse que haya de ser él el único hombre rico en sus dominios que sea insensible a placeres de esta clase? Si no gasta en esos placeres —cosa muy probable— una parte tan grande de sus rentas que debilite en gran manera el poder defensivo del Estado, mal puede esperarse que no gaste en ellos toda aquella porción que sobre y exceda de la necesaria para sostener dicho poder defensivo. Su gasto ordinario se iguala a su ingreso ordinario, y bien va si no lo excede con frecuencia. Ya no cabe esperar la acumulación de tesoros y, cuando las urgencias extraordinarias exigen gastos extraordinarios, necesariamente debe pedir a sus súbditos un auxilio extraordinario. El actual y el difunto rey de Prusia son los únicos grandes príncipes de Europa que, desde la muerte de Enrique IV de Francia en 1610, se supone que han acumulado algún tesoro considerable. La parsimonia que conduce a la acumulación se ha vuelto casi tan rara en los gobiernos republicanos como en los monárquicos. * Las repúblicas italianas y las Provincias Unidas de los Países Bajos están todas endeudadas. * El cantón de Berna es la única república de Europa que ha acumulado un tesoro considerable. * Las demás repúblicas suizas no lo han hecho. El gusto por alguna clase de pompa, al menos por los edificios espléndidos y otros adornos públicos, prevalece con
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III. De las deudas públicas
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