liberación, es evidente, no podrá llevarse a cabo jamás sin un aumento muy considerable de la renta pública, o sin una reducción igualmente considerable del gasto público.
Un impuesto territorial más equitativo, un impuesto más equitativo sobre el alquiler de las casas, y aquellas modificaciones en el sistema actual de aduanas e impuestos especiales como las mencionadas en el capítulo anterior, podrían, tal vez, sin incrementar la carga de la mayor parte del pueblo, sino tan solo distribuyendo su peso de manera más equitativa sobre el conjunto, producir un aumento considerable de los ingresos.
Sin embargo, el proyectista más optimista difícilmente podría hacerse la ilusión de que un aumento de esta naturaleza fuese tal que ofreciera esperanzas razonables, ya sea de liberar por completo los ingresos públicos, o incluso de avanzar lo suficiente hacia esa liberación en tiempo de paz como para evitar o compensar la futura acumulación de la deuda pública en la próxima guerra.