Ninguna aristocracia opresiva ha prevalecido jamás en las colonias. Aun ellas, sin embargo, saldrían ganando considerablemente, en cuanto a felicidad y tranquilidad, con una unión con la Gran Bretaña. Las libraría, al menos, de esas facciones rencorosas y virulentas que son inseparables de las pequeñas democracias, y que tan frecuentemente han dividido los afectos de sus pueblos y perturbado la tranquilidad de sus gobiernos, de forma tan cercana a la democrática. En el caso de una separación total de la Gran Bretaña, la cual, a menos que sea evitada por una unión de este tipo, parece muy probable que ocurra, esas facciones serían diez veces más virulentas que nunca. Antes del comienzo de los presentes disturbios, el poder coercitivo de la metrópoli siempre había sido capaz de contener a dichas facciones para que no degeneraran en algo peor que la grosera brutalidad y el insulto. Si ese poder coercitivo fuera eliminado por completo, probablemente pronto estallarían en violencia abierta y derramamiento de sangre. En todos los grandes países que están unidos bajo un gobierno uniforme, el espíritu de partido suele prevalecer menos en las provincias remotas que en el centro del imperio. La distancia de esas provincias respecto a la capital, del asiento principal de la gran disputa por el poder y la ambición, hace que participen menos en los objetivos de cualquiera de las partes contendientes, y las convierte en espectadores más indiferentes e imparciales de la conducta de todas ellas. El espíritu de partido prevalece menos en Escocia que en Inglaterra. En el caso de una unión, probablemente prevalecería menos en Irlanda que en Escocia, y las colonias pronto disfrutarían de un grado de concordia y unanimidad actualmente desconocido en cualquier parte del imperio británico. Tanto Irlanda como las colonias, en verdad, estarían sujetas a impuestos más pesados que los que pagan en la actualidad. Sin embargo, como
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III. De las deudas públicas
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