una gran cantidad de ellos. Pero es únicamente la sabiduría del Estado la que puede hacer del oficio de soldado un oficio particular, separado y distinto de todos los demás. Un ciudadano particular que, en tiempos de profunda paz, y sin ningún estímulo especial por parte del público, dedicara la mayor parte de su tiempo a los ejercicios militares, podría, sin duda, mejorar mucho en ellos y divertirse de lo lindo; pero ciertamente no promovería su propio interés. Es únicamente la sabiduría del Estado la que puede hacer que le resulte provechoso ceder la mayor parte de su tiempo a esta ocupación singular; y los Estados no siempre han tenido esta sabiduría, ni siquiera cuando sus circunstancias se han vuelto tales que la conservación de su existencia exigía que la tuvieran.
Un pastor tiene una gran cantidad de tiempo libre; un labrador, en el estado rudimentario de la agricultura, tiene algo; un artesano o fabricante no tiene ninguno en absoluto. El primero puede, sin pérdida alguna, emplear gran parte de su tiempo en ejercicios marciales; el segundo puede