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nydus/The Wealth of NationsPublic
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I. De los gastos de defensa

Los hombres de principios republicanos han recelado de un ejército permanente por considerarlo peligroso para la libertad. Ciertamente lo es, siempre que los intereses del general y los de los oficiales principales no estén necesariamente ligados al mantenimiento de la constitución del Estado. * El ejército permanente de César destruyó la república romana. * El ejército permanente de Cromwell echó al Parlamento Largo a patadas. Pero cuando el propio soberano es el general, y la principal nobleza y aristocracia del país son los oficiales principales del ejército; cuando la fuerza militar se coloca bajo el mando de quienes tienen mayor interés en sostener la autoridad civil, porque ellos mismos poseen la mayor parte de dicha autoridad, un ejército permanente nunca puede ser peligroso para la libertad. Por el contrario, en algunos casos puede ser favorable a ella. La seguridad que este le otorga al soberano hace innecesaria esa molesta suspicacia que, en algunas repúblicas modernas, parece vigilar hasta las acciones más insignificantes y estar siempre dispuesta a turbar la paz de cualquier ciudadano. Donde la seguridad del magistrado, aun estando respaldada por la gente principal del país, se ve amenazada por cualquier descontento popular; donde un pequeño tumulto es capaz de provocar en pocas horas una gran revolución, toda la autoridad del gobierno debe emplearse en reprimir y castigar cada murmullo y cada queja en su contra. Por el contrario, a un soberano que se siente respaldado, no solo por la aristocracia natural del país, sino por un ejército permanente y bien regulado, las protestas más rudas, infundadas y licenciosas pueden perturbarle muy poco. Puede perdonarlas o ignorarlas sin peligro, y la conciencia de su propia superioridad le inclina naturalmente

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