Pero sobre el Sr. Brooke hago otra observación quizá menos justificada por los precedentes: a saber, que si hubiera sabido de antemano lo que iba a decir, tal vez no habría marcado una gran diferencia. Pensar con agrado en que el marido de su sobrina tuviera unos ingresos eclesiásticos cuantiosos era una cosa; dar un discurso liberal era otra muy distinta; y es una mente estrecha la que no puede contemplar un asunto desde varios puntos de vista.
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VII. El señor Casaubon
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