por suerte, la inclinación del señor Casaubon había sido diferente, pues no habría tenido ninguna oportunidad con Celia.
Dorothea, por el contrario, halló la casa y los jardines tal como los deseaba: los oscuros estantes de la larga biblioteca, las alfombras y cortinas de colores apagados por el tiempo, los curiosos mapas antiguos y las vistas cenitales en las paredes del corredor, con algún que otro jarrón antiguo debajo, no le resultaban opresivos, y le parecían más alegres que los vaciados y cuadros de la Grange, que su tío había traído de sus viajes hacía mucho tiempo, siendo probablemente estas algunas de las ideas que había absorbido en su juventud.
Para la pobre Dorothea, estas severas desnudeses clásicas y sonrientes curregosidades renacentistas resultaban dolorosamente inescrutables, y desentonaban en medio de sus concepciones puritanas: nunca le habían enseñado cómo relacionarlas de algún modo con su vida.
Pero los dueños de Lowick al parecer no habían viajado, y los estudios del pasado del señor Casaubon no se llevaban a cabo por medio de tales auxilios.
Dorothea walked about the house with delightful emotion. Everything seemed hallowed to her: this was to be the home of her wifehood, and she looked up with eyes full of confidence to Mr. Casaubon when he drew her attention specially to some actual arrangement and asked her if she would like an alteration.
All appeals to her taste she met gratefully, but saw nothing to alter. His efforts at exact courtesy and formal tenderness had no defect for her. She filled up all blanks with unmanifested perfections, interpreting him as she interpreted the works of Providence, and accounting for seeming discords by her own deafness to the higher harmonies.
And there are many blanks left in the weeks of courtship which a loving faith fills with happy assurance.