“Estoy segura de que él no espera nada, papá. Y tiene conexiones muy distinguidas: seguro que ascenderá de una manera u otra. Está dedicado a hacer descubrimientos científicos”.
Mr. Vincy guardaba silencio.
—No puedo renunciar a mi única perspectiva de felicidad, papá. El señor Lydgate es un caballero. Nunca podría amar a alguien que no fuera un perfecto caballero. A usted no le gustaría que me consumiera de tristeza, como le pasó a Arabella Hawley. Y ya sabe que yo nunca cambio de opinión.
Nuevamente papá guardó silencio.
“Prométeme, papá, que consentirás en lo que deseamos. Nunca el uno renunciará al otro; y bien sabes que siempre te has opuesto a los noviazgos largos y a los matrimonios tardíos”.
Había un poco más de urgencia de este tipo, hasta que el señor Vincy dijo: «Bueno, bueno, niña, él debe escribirme primero antes de que pueda responderle», y Rosamond tuvo la certeza de que se habita salido con la suya.
La respuesta del señor Vincy consistió principalmente en exigir que Lydgate le hiciera un seguro de vida, exigencia a la que este accedió de inmediato. Era una idea deliciosamente tranquilizadora en caso de que Lydgate muriera, pero entre tanto no era una idea autosuficiente. Sin embargo, parecía dejar todo en orden respecto al matrimonio de Rosamond, y las compras necesarias continuaron con gran entusiasmo. No sin consideraciones prudentes, no obstante. Una novia (que va a visitar la casa de un baronet) debe tener unos cuantos pañuelos de