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nydus/MiddlemarchPublic
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XXIV

El pesar del ofensor consuela poco a quien carga la cruz de la grave ofensa.

Siento decir que apenas al tercer día de los propicios acontecimientos en Houndsley, Fred Vincy había caído en un estado de desánimo peor que cualquiera que hubiera conocido antes en su vida.

No es que se hubiera visto defraudado en cuanto al posible mercado para su caballo, sino que, antes de poder cerrar el trato con el hombre de lord Medlicote, este Diamond, en el que se habían invertido esperanzas por valor de ochenta libras, había manifestado sin la más leve advertencia en la caballeriza una energía de lo más viciosa para cocear, había estado a punto de matar al caballerizo y había terminado por cojear gravemente al enredarse una pata en una cuerda que colgaba del travesaño de la cuadra.

No había más recurso contra esto que contra el descubrimiento de un mal carácter después de las nupcias —el cual, por supuesto, los viejos conocidos ya conocían antes de la ceremonia—.

Por hache o por be, Fred no tenía nada de su elasticidad habitual bajo este golpe de la mala fortuna: solo era consciente de que le quedaban cincuenta libras, de que no había ninguna posibilidad de conseguir más por el momento y de que el pagaré por valor de ciento sesenta se presentaría en cinco días. Aun si hubiera recurrido a su padre con el pretexto de que se debía evitar que el señor Garth sufriera pérdidas, Fred sentía con dolor que su padre se negaría airadamente a rescatar al señor Garth de las consecuencias de lo que llamaría fomentar el despilfarro y el engaño. Estaba tan completamente abatido que no pudo idear ningún otro proyecto que ir directamente al señor Garth y contarle la triste verdad,

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