No obstante, venían a Stone Court todos los días y se sentaban abajo en su puesto del deber, manteniendo a veces un lento diálogo en voz baja en el que la observación y la respuesta distaban tanto la una de la otra, que cualquiera que los oyera habría podido imaginarse escuchando a autómatas parlantes, con cierta duda de si el ingenioso mecanismo funcionaría de verdad, o se daría cuerda durante mucho tiempo para luego atascarse y quedarse en silencio.
A Salomón y a Jane les habría apenado ser rápidos: a dónde conducía eso podía verse al otro lado del muro en la persona del hermano Jonah.
Pero su vigilancia en el salón de paredes revestidas de madera a veces se veía alterada por la presencia de otros invitados de cerca o de lejos.
Ahora que Peter Featherstone estaba en el piso de arriba, su propiedad podía ser discutida con toda la ilustración local que se hallaba en el lugar mismo:
- algunos vecinos rurales y de Middlemarch expresaban gran acuerdo con la familia y simpatía hacia su interés en contra de los Vincy,
- y las visitantes se veían incluso conmovidas hasta las lágrimas, en conversación con la señora Waule, al recordar el hecho de que ellas mismas se habían visto defraudadas en el pasado por codicilos y matrimonios por despecho de parte de ancianos ingratos de quienes, cabía suponer, se les había conservado la vida para algo mejor.
Dicha conversación se interrumpía de repente, como un órgano al que se le escapan los fuelles, si Mary Garth entraba en la habitación; y todas las miradas se volvían hacia ella como una posible legataria, o alguien que pudiera conseguir acceso a los cofres de hierro.