¡Tenía demasiada honradez para querer a sus amigos; eso fue todo! Aquí Raffles volvió a guiñar el ojo lentamente. —¡Válgame Dios, si yo lo sabía todo acerca de ellos!, una cosita en lo que se puede llamar la línea del robo respetable, el estilo distinguido de casa receptora, nada de chanchullos ni escondrijos, de primera categoría. Negocio de lujo, grandes ganancias y sin error posible. ¡Pero, hombre! Sarah no habría sabido nada de aquello; era una joven elegante y audaz, con un buen internado, apta para la esposa de un lord, solo que Archie Duncan se lo echó en cara por despecho, porque ella no quiso saber nada de él. Y así fue como huyó de todo el asunto. Yo viajaba para ellos, caballero, de una manera distinguida, con un sueldo alto. Al principio no les importaba que se fugara; gente piadosa, caballero, muy piadosa, y ella aspiraba al teatro. El hijo vivía entonces, y la hija estaba de capa caída. ¡Hola! Ya hemos llegado al Blue Bull. ¿Qué dice, señor Ladislaw?, ¿entramos a tomar una copa?
—No,