Estaba abrumada por el tedio y por esa insatisfacción que en la mente de las mujeres se convierte continuamente en una celotipia trivial, que no responde a reclamaciones reales, que no brota de una pasión más profunda que la vaga exigencia del egoísmo, y que, sin embargo, es capaz de impulsar tanto las acciones como las palabras. «En realidad no hay nada que importe mucho», se dijo la pobre Rosamond en su interior, pensando en la familia de Quallingham, que no le escribía; y en que tal vez Tertius, al volver a casa, la regañaría por los gastos. Ella ya le había desobedecido en secreto al pedirle a su padre que los ayudara, y este había terminado por decirle de manera tajante: «Es más probable que necesite ayuda yo mismo».
Table of Contents
LIX
915