Puesto que, así, la previsión de su propia bienaventuranza sin fin no podía anular los sabores amargos de los celos irritados y la vindicta, es menos sorprendente que la probabilidad de una dicha terrenal pasajera para otras personas, cuando él mismo hubiera entrado en la gloria, no tuviera un efecto potentemente endulzante. Si la verdad fuera que alguna enfermedad solapada estaba obrando en su interior, cabía una gran oportunidad de que algunas personas fueran más felices cuando él se hubiera ido; y si una de esas personas resultaba ser Will Ladislaw, el señor Casaubon se oponía con tanta fuerza que parecía como si el fastidio fuera a formar parte de su existencia incorpórea.
Esta es una manera muy despojada y, por tanto, muy incompleta de plantear el asunto. El alma humana se desplaza por muchos cauces y el señor Casaubon, bien lo sabemos, poseía un sentido de la rectitud y un orgullo honorable en satisfacer los requerimientos del honor, lo cual le obligaba a hallar para su conducta razones distintas de las de los celos y el espíritu de venganza. La forma en que el señor Casaubon planteaba el asunto era esta:—«Al casarme con Dorothea Brooke tuve que velar por su bienestar en caso de mi muerte. Pero el bienestar no ha de garantizarse mediante la posesión amplia e independiente de bienes; por el contrario, podrían surgir ocasiones en las que dicha posesión la expusiera a un peligro mayor. Ella es presa fácil para cualquier hombre que sepa jugar con destreza ya sea con su fervor afectivo o con su entusiasmo quijotesco; y hay un hombre al acecho con esa misma intención en mente—un hombre sin más principio que el capricho pasajero, y que abriga una animadversión personal hacia mí—estoy seguro de ello—, una animversión que se alimenta de la conciencia de su ingratitud y que ha manifestado constantemente en burlas de las cuales tengo tanta certeza como si las hubiera oído. Aun si vivo, no estaré libre de inquietud en cuanto a lo que él pueda intentar por influencia indirecta. Este hombre se ha ganado el oído de Dorothea: ha fascinado su atención; es evidente que ha tratado de impresionar su espíritu con la noción de que él tiene