CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/MiddlemarchPublic
Página 606 de 962
Table of Contents

XXXIX

sutilmente combinados, y había una cabra vieja (mantenida sin duda por interesantes motivos supersticiosos) tumbada contra la puerta abierta de la cocina trasera. El tejado de paja musgosa del establo, las roturas en las puertas grises del granero, los jornaleros paupérrimos de calzones remendados que casi habían terminado de descargar en el granero un carro de cereal listo para la trilla temprana; el escaso hato de vacas atadas para el ordeño que dejaba una mitad del cobertizo en una vaciedad parda; los mismísimos cerdos y patos blancos que parecían deambular por el corral desigual y descuidado como si estuvieran decaídos por alimentarse de unos fregaderos de calidad demasiado exigua⁠—todos estos objetos bajo la luz serena de un cielo veteado de nubes altas habrían compuesto una especie de estampa ante la que todos nos hemos detenido para llamarla un «rincón encantador», tocando sensibilidades distintas de aquellas que despierta la depresión del sector agrícola, con su triste carencia de capital para la labranza, tal como se apreciaba constantemente en los periódicos de aquella época. Pero estas asociaciones molestas estaban muy presentes en el ánimo del señor Brooke en ese preciso momento, y le arruinaron el paisaje. El propio señor Dagley formaba parte de la estampa portando una horca y tocado con su sombrero de ordeño⁠—un castor viejísimo aplastado por delante. Su casaca y sus calzones eran lo mejor que tenía, y no los habría llevado en un día laborable de no haber ido al mercado y regresado más tarde de lo habitual, dándose el raro capricho de alentar en la mesa comunitaria del Blue Bull. Cómo llegó a incurrir en tal extravagancia sería quizás motivo de desconcierto para él mismo a la mañana siguiente; pero antes de comer, algo en la situación del país, una breve pausa en la cosecha antes de segar los Far Dips, los relatos sobre el nuevo Rey y los numerosos panfletos pegados en los muros, habían parecido justificar un poco de temeridad.

606