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nydus/MiddlemarchPublic
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Capítulo XLII

sus descontentos —sus sospechas de que ya no era adorado sin reservas—, habría podido negar que estaban fundados en buenas razones? Por el contrario, había una razón de peso que añadir, que él mismo no había tomado explícitamente en cuenta: a saber, que no era enteramente adorable. Sospechaba esto, sin embargo, como sospechaba otras cosas, sin confesárselo, y como el resto de nosotros, sentía cuán reconfortante habría sido tener un compañero que jamás llegara a notarlo.

Esta dolorosa vulnerabilidad en relación con Dorothea estaba plenamente gestada antes de que Will Ladislaw regresara a Lowick, y lo ocurrido desde entonces había puesto la capacidad de construir sospechas del señor Casaubon en una actividad exasperada. A todos los hechos que conocía, añadió hechos imaginarios, tanto presentes como futuros, que se volvieron para él más reales que aquellos porque despertaban una aversión más intensa, una amargura más dominante. La sospecha y los celos ante las intenciones de Will Ladislaw, la sospecha y los celos ante las impresiones de Dorothea, laboraban incesantemente en su telar. Sería muy injusto suponer que hubiera podido incurrir en alguna torpe mala interpretación de Dorothea: sus propios hábitos mentales y de conducta, tanto como la abierta elevación de la naturaleza de ella, lo salvaban de semejante error. De lo que sentía celos era de la opinión de ella, del influjo que pudiera concederse a su ardiente mente en sus juicios y de las futuras posibilidades a las que estos pudieran conducirla. En cuanto a Will, aunque hasta su última y desafiante carta no tenía nada concreto que decidiera alegar formalmente contra él, se creía con derecho a creer que era capaz de cualquier designio que pudiera fascinar a un temple rebelde y a una impulsividad indisciplinada.

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