los pareados de Pope pueden ser tan solo «desprendimientos de nuestro ser, desvanecimientos» cuando el miedo nos agarra y una copa de jerez corre como humo entre nuestras ideas. Ladislaw, que estaba de pie junto a la ventana a espaldas del orador, pensó: «Ya está todo perdido. La única posibilidad es que, dado que lo mejor no siempre sirve, dar bandazos pueda funcionar por una vez». El señor Brooke, entretanto, habiendo perdido otras pistas, recayó en sí mismo y en sus aptitudes, siempre un tema propicio y elegante para un candidato.
—Soy un vecino muy cercano de ustedes, mis buenos amigos; hace ya bastante que me conocen en el estrado; siempre me he interesado mucho por las cuestiones públicas —la maquinaria, por ejemplo, y la destrucción de máquinas—; muchos de ustedes están relacionados con la maquinaria, y yo he estado indagando en eso últimamente. No resulta conveniente, ya saben, romper las máquinas: todo debe seguir adelante —el comercio, las manufacturas, la industria, el intercambio de productos básicos—, esa clase de cosas —desde Adam Smith, eso debe continuar. Debemos mirar por todo el globo: «La observación de amplio horizonte» debe mirar a todas partes, «desde la China hasta el Perú», como dice alguien —Johnson, creo, El Rambler, ya saben. Eso es lo que he hecho hasta cierto punto —no tan lejos como el Perú; pero no siempre me he quedado en casa—, vi que no convenía. He estado en el Levante, adonde van algunos de sus productos de Middlemarch, y luego, también, en el Báltico. El Báltico, ahora.
Navegando de este modo entre sus recuerdos, el señor Brooke se las habría apañado con total comodidad para sí mismo y habría regresado de los mares más remotos sin dificultad; pero el enemigo había puesto en marcha un procedimiento diabólico. Exactamente al mismo tiempo, por encima de las cabezas de la multitud, casi enfrente del señor Brooke y a menos de diez yardas de él, se había