remedios que, al ser leídos por el señor Brooke, le parecían afortunadamente redactados —sorprendentemente lo más acertado— y determinaban una continuación en la que jamás antes había pensado.
En este caso, a su pluma le pareció una verdadera lástima que el joven Ladislaw no hubiera llegado al vecindario justo en ese momento, para que el señor Brooke pudiera entablar una relación más estrecha con él y para que ambos pudieran examinar juntos los dibujos italianos tan abandonados durante tanto tiempo; además, sintió un interés tal por un joven que comenzaba en la vida con un caudal de ideas, que hacia el final de la segunda página había persuadido al señor Brooke para que invitara al joven Ladislaw, ya que no podía ser recibido en Lowick, a venir a Tipton Grange. ¿Por qué no? Podían encontrar infinidad de cosas que hacer juntos, y este era un periodo de singular crecimiento —el horizonte político se estaba expandiendo y— en suma, la pluma del señor Brooke se desvió hacia un pequeño discurso que hacía poco había redactado para ese órgano de prensa de edición imperfecta llamado el Middlemarch Pioneer.
Mientras el señor Brooke sellaba esta carta, se sintió entusiasmado por una afluencia de proyectos vagos:—un joven capaz de plasmar las ideas en formas, el Pioneer comprado para allanar el camino a un nuevo candidato, documentos utilizados—, ¿quién sabía lo que podría salir de todo aquello? Dado que Celia iba a casarse inmediatamente, sería muy agradable tener a un muchacho a su mesa, al menos por un tiempo.
Pero se marchó sin decirle a Dorothea lo que había puesto en la carta, pues ella estaba ocupada con su esposo y, de hecho, estas cosas no tenían ninguna importancia para ella.