Pero tenía más motivos que nunca para confiar en su juicio, ahora que era tan experimentado; y en adelante adoptaría una perspectiva estrictamente científica de la mujer, sin abrigar más expectativas que aquellas que estuvieran justificadas de antemano.
Nadie en Middlemarch era probable que tuviera una idea del pasado de Lydgate como la que aquí se ha esbozado tenuemente, y en verdad los respetables habitantes de la localidad no eran más dados que los mortales en general a ningún afán de exactitud al representarse a sí mismos aquello que no caía bajo sus propios sentidos.
No solo las jóvenes doncellas de aquel pueblo, sino también los hombres de barbas canas, se apresuraban a menudo a conjeturar cómo un nuevo conocido podría encajar en sus propósitos, conformándose con un conocimiento muy vago sobre la forma en que la vida lo había ido moldeando para tal fin.
Middlemarch, de hecho, contaba con tragarse a Lydgate y asimilarlo muy cómodamente.