“This Loller here wol precilen us somewhat.”
“Nay by my father’s soule! that schal he nat,”
Sayde the Schipman, “here schal he not preche, We schal no gospel glosen here ne teche. We leven all in the gret God,” quod he. He wolden sowen some diffcultee.
Dorothea llevaba casi una semana a salvo en Freshitt Hall antes de haber hecho ninguna pregunta peligrosa. Todas las mañanas se sentaba ahora con Celia en la más bonita de las salas de estar del piso superior, que daba a un pequeño invernadero; Celia, toda de blanco y malva como un ramo de violetas silvestres, observaba los notables actos del bebé, los cuales le resultaban tan dudosos a su inexperta mente que toda conversación quedaba interrumpida por peticiones de interpretación dirigidas a la oracular niñera. Dorothea se sentaba al lado con su vestido de viuda, con una expresión que irritaba bastante a Celia por parecerle demasiado triste; pues no solo el bebé estaba perfectamente, sino que, en verdad, cuando un marido había sido tan aburrido y molesto en vida, y además de eso había... ¡bueno, bueno! Sir James, por supuesto, se lo había contado todo a Celia, insistiendo mucho en lo importante que era que Dorothea no lo supiera antes de lo inevitable.
Pero el señor Brooke había acertado al predecir que Dorothea no permanecería pasiva por mucho tiempo allí donde se le había asignado una acción; ella conocía el sentido del testamento de su marido hecho en el momento de su matrimonio, y su mente, tan pronto como fue plenamente consciente de su posición, se ocupó en silencio de lo que debía hacer como propietaria de Lowick Manor con el patronato del beneficio eclesiástico adjunto a él.