satisfacción de su orgullo al ser la persona que podía brindarle a Naumann semejante oportunidad de estudiar su encanto —o más bien su divinidad, pues las frases corrientes que podían aplicarse a una mera hermosura corporal no eran aplicables a ella—. > (Ciertamente, todo Tipton y sus alrrededores, así como la propia Dorothea, se habrían sorprendido de que se hiciera tanto alarde de su belleza. En esa parte del mundo la señorita Brooke había sido solo una «joven
—Hágame el favor de dejar el tema, Naumann. No se debe hablar de la señora Casaubon como si fuera una modelo —dijo Will. Naumann lo quedó mirando.
“¡Bien! Hablaré de mi Tomás de Aquino. La cabeza no es un mal tipo, después de todo. Me atrevo a decir que el gran escolástico mismo se habría sentido honrado de que le pidieran su retrato. ¡No hay nada como estos doctores almidonados para la vanidad! Era como pensaba: a él le importaba mucho menos el retrato de ella que el suyo propio”.
—Es un petimetre pedante de sangre fría y maldito —dijo Will con ímpetu furioso. Las obligaciones que tenía con el señor Casaubon no eran conocidas por quien lo escuchaba, pero el propio Will estaba pensando en ellas y deseando poder saldarlas todas con un cheque.
Naumann se encogió de hombros y dijo: —Es bueno que se vayan pronto, querida. Le están arruinando su buen carácter.
Toda la esperanza y las maquinaciones de Will se concentraban ahora en ver a Dorothea cuando estuviera sola. Solo quería que ella le prestara una atención más enfática; solo quería ser algo más especial en su recuerdo de lo que ya podía creer que fuera probable.