razones personales para esa afirmación —que había algo en su sangre, en su porte o en su carácter a lo que otorgaba la máscara de una opinión—. Cuando se hallaba bajo una impresión irritante de este tipo, andaba por ahí durante días con una mirada desafiante, y el color cambiaba en su piel transparente como si estuviera on qui vive, atento a algo sobre lo cual abalanzarse.
Esta expresión era singularmente perceptible en él en la subasta, y aquellos que solo le habían visto en sus momentos de amable excentricidad o de viva alegría se habrían quedado sorprendidos por el contraste. No le desagradaba tener esta ocasión de dejarse ver en público ante las tribus de Middlemarch de Toller, Hackbutt y los demás, que le miraban por encima del hombro como a un aventurero y vivían en un estado de ignorancia brutal respecto a Dante—; que se mofaban de su sangre polaca y que eran, ellos mismos,