señor Casaubon, la voz de Dorothea daba una resonancia alta y enérgica a aquellas confusas sugerencias de la conciencia que era posible explicar como mera fantasía, la ilusión de una sensibilidad exagerada: siempre que tales sugerencias se repiten de manera inconfundible desde el exterior, se las resiste como si fueran crueles e injustas. > ¡Nos enfurece incluso la plena aceptación de nuestras confesiones humillantes; cuánto más al escuchar en sílabas duras y distintas, de labios de un observador cercano, esos murmullos confusos que intentamos tildar de morbosos, y contra los que luchamos como si fueran la llegada del
Y este cruel acusador exterior estaba allí bajo la forma de una esposa —no, de una joven prometida—, la cual, en vez de observar sus abundantes tachaduras y la amplitud de su papel con el asombro acrítico de un canario de fina sensibilidad, parecía presentarse como una espía que lo observaba todo con un maligno poder de deducción.