Siento mucho decepcionarle, pero a uno debería permitírsele juzgar por sí mismo a los veinticuatro años. ¿Cómo iba a saber a los quince lo que me convenía hacer ahora? Mi educación fue un error.
—Pero escucha esto, Fred —dijo Caleb—. ¿Estás seguro de que Mary te tiene cariño, o de que llegaría a casarse contigo?
—Le pedí al señor Farebrother que hablara con ella, porque ella me lo había prohibido; no sabía qué más hacer —dijo Fred, a modo de disculpa—. Y él dice que tengo toda la razón para esperar, si logro ponerme en una posición honorable... quiero decir, fuera de la Iglesia. Me atrevo a pensar que le parece injustificado de mi parte, señor Garth, molestarlo e importunarlo con mis propios deseos respecto a Mary, antes de haber hecho nada en absoluto por mí mismo. Por supuesto, no tengo el menor derecho; es más, ya tengo una deuda con usted que nunca será saldada, ni siquiera cuando haya podido pagársela en forma de dinero.