Pronto la madera seca arrojó una llama que iluminó cada rendija, y Mary vio que el viejo estaba acostado tranquilamente con la cabeza vuelta un poco hacia un lado.
Se acercó a él con pasos inaudibles y pensó que su rostro se veía extrañamente inmóvil; pero al momento siguiente el movimiento de la llama, al comunicarse a todos los objetos, la hizo dudar.
El violento latido de su corazón hacía sus percepciones tan dudosas que, aun cuando lo tocó y escuchó su respiración, no pudo fiarse de sus propias conclusiones.
Fue hacia la ventana y apartó con suavidad la cortina y la persiana, de modo que la luz serena del cielo cayó sobre la cama.
Al momento siguiente corrió hacia el timbre y lo tocó con energía.
En muy poco tiempo ya no quedó ninguna duda de que Peter Featherstone había muerto, con la mano derecha aferrada a las llaves y la mano izquierda tendida sobre el montón de billetes y oro.