Tuvo la fortuna, al llegar al camino real, de ser alcanzado por la diligencia, que lo llevó a Brassing; y allí tomó el ferrocarril de reciente creación, comentando con sus compañeros de viaje que lo consideraba ya bastante probado ahora que se había cargado a Huskisson.
El señor Raffles mantenía en la mayoría de las ocasiones la impresión de haber sido educado en una academia y de ser capaz, si se lo proponía, de pasar por culto en todas partes; en efecto, no había uno solo de sus semejantes a quien no se sintiera en condiciones de ridiculizar y atormentar, seguro del entretenimiento que así brindaba al resto de la compañía.
Representaba este papel ahora con tanto entusiasmo como si su viaje hubiera sido un éxito rotundo, recurriendo a intervalos frecuentes a su petaca. El papel con el que la había cuñasdo era una carta firmada por Nicholas Bulstrode, pero no era probable que Raffles la perturbara de su actual y útil posición.