a la India? Así es como las familias se deshacen de los vástagos incordiantes.
—No se sabe hasta dónde puede llegar la travesura —dijo sir James con ansiedad—. Pero si Casaubon no dice nada, ¿qué puedo hacer?
—Oh, querido sir James —dijo el rector—, no hagamos un drama de todo esto. Es muy probable que se quede en agua de borrascas. Al cabo de un mes o dos, Brooke y este tal maestro Ladislaw se cansarán el uno del otro; Ladislaw volará a otra parte; Brooke venderá el Pioneer, y todo volverá a la normalidad como siempre.
—Hay una buena posibilidad: que no le guste sentir cómo su dinero se le escurre entre los dedos —dijo la señora Cadwallader—. Si conociera los detalles de los gastos electorales, podría asustarlo. De nada sirve acosarlo con palabras vagas como «desembolso»: no le hablaría de sangrías, le vaciaría un frasco de sanguijuelas encima. Lo que a los tacaños como nosotras no nos gusta es que nos vayan chupando las perras chicas.