No, no conozco en el mundo más grato divertimiento que ver a una afligida tropa de herederos, con turbado semblante y largos los rostros, leer un largo testamento donde, pálidos, atónitos, les dejan las buenas noches y unam narices salmodiadas. Por ver en su estado natural su profunda tristeza, volvería, creo, expresamente del otro mundo.
Cuando los animales entraron en el Arca de dos en dos, es de imaginar que las especies aliadas hicieron muchos comentarios en privado las unas de las otras, y se vieron tentadas a pensar que tantas formas alimentándose de la misma provisión de forraje eran sumamente superfluas, ya que tendían a disminuir las raciones.
(Me temo que el papel desempeñado por los buitres en aquella ocasión sería demasiado doloroso para que el arte lo represente, al ser esas aves desventajosamente desnudas por el gorgorito, y aparentemente carentes de ritos y ceremonias.)
El mismo género de tentación asaltó a los Carnívoros cristianos que formaban el cortejo fúnebre de Peter Featherstone; la mayoría de ellos tenía la mente puesta en un caudal limitado del cual cada cual habría querido sacar la mayor tajada. Los deudos y parientes políticos de sobra conocidos ya constituían un buen número que, multiplicado por las probabilidades, ofrecía un amplio abanico de conjeturas celosas y esperanzas patéticas. La envidia hacia los Vincy había creado una comunidad de hostilidad entre todas las personas de sangre Featherstone, de modo que, a falta de