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nydus/MiddlemarchPublic
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todos nosotros, ya seamos serios o alegres, enredamos nuestros pensamientos en metáforas y actuamos de manera fatal basándonos en

Y ahora corría el peligro de entristecerse por la convicción misma de que sus circunstancias eran inusualmente felices: no había nada externo con lo que pudiera explicar cierta apatía en su sensibilidad que lo invadía justo cuando su alborozo expectante debería haber sido más vivo, justo cuando cambiaba la monotonía acostumbrada de su biblioteca de Lowick por sus visitas a The Grange.

He aquí una experiencia fatigosa en la que se veía tan totalmente condenado a la soledad como en la desesperación que a veces lo amenazaba mientras trabajaba duro en el cenagal de la autoría sin parecer estar más cerca de la meta.

Y la suya era esa peor clase de soledad que huye de la compasión. No podía menos que desear que Dorothea lo creyera tan feliz como el mundo esperaba que fuera su afortunado pretendiente; y, en lo tocante a su labor como autor, se apoyaba en la tierna confianza y veneración de ella, le gustaba despertar su frescura al escuchar como un medio para animarse a sí mismo: al hablar con él, le exponía toda su obra y sus propósitos con la confianza reflejada del pedagogo, y se libraba por un momento de aquel público ideal y escalofriante que abarrotaba sus laboriosas e infecundas horas con la presión vaporosa de las sombras tartáreas.

Para Dorothea, después de esa historia del mundo en caja de sorpresas adaptada a señoritas que había constituido la parte principal de su educación, la charla del Sr. Casaubon sobre su gran libro estaba llena de nuevas perspectivas; y esta sensación de revelación, esta sorpresa de una introducción más cercana a los estoicos y alejandrinos, como personas

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