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nydus/MiddlemarchPublic
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Table of Contents

XXIX

de la gran máscara y la bocina acústica, siempre deben de estar nuestros pobres ojillos fisgones como de costumbre y nuestros labios temerosos más o menos bajo un control ansioso.

A este estado mental trazado un cuarto de siglo antes, a unas sensibilidades así acordonadas, el señor Casaubon había pensado en anexionarle la felicidad con una encantadora joven esposa; pero incluso antes del matrimonio, como hemos visto, se encontró bajo un nuevo abatimiento al percatarse de que la nueva dicha no era dichosa para él.

La inclinación anhelaba volver a su antiguo y más cómodo hábito. Y cuanto más se adentraba en la vida doméstica, más predominaba la sensación de estar cumpliendo consigo mismo y actuando con decoro por encima de cualquier otra satisfacción.

El matrimonio, al igual que la religión y la erudición, qué digo, al igual que la propia autoría, estaba destinado a convertirse en un requisito externo, y Edward Casaubon estaba empeñado en cumplir de manera imachable todos los requisitos.

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