y sus costumbres, y de que su querido muchacho, con su hermoso rostro y su aire distinguido «por encima del hijo de cualquier otro en Middlemarch», acabaría volviéndose como esa familia en lo llano de su apariencia y su descuido con la ropa. Para ella parecía haber una conspiración de los Garth para apoderarse del codiciado Fred, pero no se atrevía a explayarse sobre esta opinión, porque una ligera insinuación al respecto lo había hecho «saltar» contra ella como nunca antes lo había hecho. Su carácter era demasiado dulce para mostrar enojo alguno, pero sentía que su felicidad había recibido una herida y, durante varios días, con solo mirar a Fred se ponía a llorar un poco, como si este fuera el sujeto de alguna funesta profecía. Tal vez tardó más en recuperar su alegría habitual porque Fred le había advertido que no debía reabrir el doloroso asunto con su padre, quien había aceptado su decisión y lo había perdonado. Si su marido hubiera mostrado vehemencia contra Fred, ella se habría visto impulsada a defender a su querido muchacho. Era el final del cuarto día cuando el señor Vincy le dijo—
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