Rara vez hubo tanta unanimidad entre ellos como en la opinión de que Lydgate era un joven arrogante y, sin embargo, dispuesto, con tal de predominar a la postre, a mostrar una bajeza servil hacia Bulstrode. El hecho de que el señor Farebrother, cuyo nombre era el estandarte principal del partido antibulstrodistas, defendiera siempre a Lydgate e hiciera de él su amigo, se atribuía a la inexplicable manera de Farebrother de luchar en ambos bandos.
Había abundantes preparativos para el estallido de indignación profesional ante el anuncio de las normas que el señor Bulstrode estaba dictando para la dirección del Nuevo Hospital, las cuales resultaban tanto más exasperantes cuanto que no había posibilidad actual de inmiscuirse en su voluntad y su capricho, ya que todo el mundo, a excepción de lord Medlicote, se había negado a colaborar en la construcción, aduciendo que preferían donar al Antiguo Hospital. El señor Bulstrode corría con todos los gastos y había dejado de lamentar el estar comprando el derecho de llevar a cabo sus ideas de mejora sin los impedimentos de unos colaboradores sesgados; pero había tenido que desembolsar grandes sumas y la construcción se había demorado. Caleb Garth se había hecho cargo de ella, había sufrido un revés durante el proceso y, antes de que comenzaran los acabados interiores, se había retirado de la gestión del negocio; y al referirse al Hospital, solía decir que, por mucho que Bulstrode pudiera sonar falso si uno lo ponía a prueba, a él le gustaba la carpintería y la albañilería bien sólidas, y tenía nociones tanto de los desagües como de las chimeneas. De hecho, el Hospital se había convertido en un objeto de intenso interés para Bulstrode, y con mucho gusto habría seguido destinando una gran suma anual para poder gobernarlo dictatorialmente sin ninguna Junta; pero tenía otro objetivo predilecto que también requería dinero para su realización: deseaba comprar unos terrenos en los alrededores de