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nydus/MiddlemarchPublic
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LVI

entre ellos.

—Vaya, muchachos, ¿cómo es esto? —comenzó, recurriendo como de costumbre a frases breves que le parecian preñadas de significado, porque albergaba muchos pensamientos bajo ellas, como las abundantes raíces de una planta que apenas logra asomar por encima del agua.

—¿Cómo habéis podido cometer un error semejante? Alguien os ha estado diciendo mentiras. Creísteis que esos hombres de ahí arriba querían hacer daño.

«¡Ah!», fue la respuesta, soltada a intervalos por cada uno según su grado de falta de preparación.

—¡Qué tontería! ¡Nada de eso! Están mirando hacia dónde va a pasar el ferrocarril.

Vamos, muchachitos, no podéis impedir el ferrocarril: se hará queráis o no. Y si vais a luchar contra él, os meteréis en un buen lío.

La ley da permiso a esos hombres para venir aquí, a estas tierras. El propietario no tiene nada que objetar al respecto, y si os metéis con ellos, tendréis que vérselas con el agente de policía y el juez Blakesley, con las esposas y la cárcel de Middlemarch. Y ya podríais estar metidos en el atolladero ahora mismo, si alguien os delatara.

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