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nydus/MiddlemarchPublic
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I. Miss Brooke

casa de campo y asistían a una iglesia de aldea apenas más grande que un salón, consideraban naturalmente la fruslería como la ambición de la hija de un mercachifle. Luego estaba la economía bien educada, que en aquellos días hacía de la ostentación en el vestir el primer rubro del que prescindir cuando se requería cierto margen para gastos más distintivos de su rango. Tales razones habrían bastado para explicar la sencillez en el vestir, muy al margen del sentimiento religioso; pero en el caso de la señorita Brooke, la religión por sí sola lo habría determinado; y Celia se avenía mansamente a todos los sentimientos de su hermana, infundiéndoles tan solo ese sentido común capaz de aceptar doctrinas trascendentales sin ninguna agitación excéntrica.

Dorothea se sabía de memoria muchos pasajes de los Pensées de Pascal y de Jeremy Taylor; y para ella los destinos de la humanidad, vistos a la luz del cristianismo, hacían que las zozobras de la moda femenina parecieran una ocupación propia de Bedlam.

No podía conciliar las inquietudes de una vida espiritual que entrañaba consecuencias eternas, con un vivo interés por los galones y los abultamientos artificiales en los ropajes. Su mente era especulativa y anhelaba por naturaleza alguna concepción sublime del mundo que pudiera incluir sin reservas la parroquia de Tipton y sus propias normas de conducta allí; estaba enamorada de la intensidad y la grandeza, y era temeraria al abrazar todo aquello que le parecía tener esos matices; era propicia a buscar el martirio, a desdecirse, y luego a incurrir en el martirio a fin de cuentas en un ámbito donde no lo había buscado.

Ciertamente, tales elementos en el carácter de una joven en edad de merecer tendían a interferir en su destino, y a impedir que este se decidiera según la costumbre, mediante la buena apariencia, la vanidad y un afecto meramente canino.

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