o no. No le guardo mala voluntad a nadie, gracias a Dios, y el señor Wrench me salvó de la pleuresía, pero más le habría valido dejarme morir—si—si—
—Entonces, ¿quedaré con el señor Wrench aquí? —dijo Lydgate, creyendo de verdad que Wrench no estaba bien preparado para tratar con sensatez un caso de esta naturaleza.
—Le ruego que haga ese arreglo, Mr. Lydgate —dijo Rosamond, acudiendo en ayuda de su madre y sosteniéndole el brazo para llevársela.
Cuando el señor Vincy volvió a casa, estaba muy enfadado con Wrench y le importaba un bledo que no volviera a pisar su casa en la vida. Lydgate seguiría atendiéndoles a partir de ahora, le gustara a Wrench o no. No era ninguna broma tener la fiebre en casa. Había que avisar a todo el mundo de inmediato para que no viniera a cenar el jueves. Y Pritchard no necesitaba sacar ningún vino: el brandy era lo mejor contra la infección.
—Yo beberé brandy —añadió el señor Vincy con énfasis—, como quien dice que aquella no era ocasión para andarse con chiquitas—. Es un muchacho rematadamente desdichado, ese Fred. Ya le convendría tener un poco de suerte más adelante para compensar todo esto... si no, no sé quién querría tener un hijo mayor.
—No digas eso, Vincy —dijo la madre, con el labio tembloroso—, si no quieres que me lo arranquen.
—Te va a mortificar hasta la muerte, Lucy; eso ya lo veo —dijo el señor Vincy con más suavidad—. De todos modos, Wrench sabrá lo que opino del asunto. > (Lo que el señor Vincy pensaba confusamente era que la fiebre de algún modo podría haberse evitado si