voluntariamente cualquier trato posterior entre ella y Will del que no pudiera hablarle a su marido, y su misión al ir en busca de Lydgate ya era un asunto oculto. Eso era lo único que había estado explícitamente en su mente; pero también la había impulsado un malestar vago. Ahora que iba sola en el coche, le vinieron a la memoria los acordes de la voz del joven y el acompañamiento del piano, a los que no había prestado mucha atención en su momento; y se descubrió pensando con cierta sorpresa que Will Ladislaw pasaba el tiempo con la señora Lydgate en ausencia del marido. Y entonces no pudo evitar recordar que él había pasado un tiempo con ella en circunstancias parecidas, así que ¿por qué iba a haber alguna incorrección en el hecho? Pero Will era pariente del señor Casaubon, y alguien a quien ella tenía el deber de mostrar amabilidad. Aun así, había habido señales que tal vez debió haber interpretado como indicios de que al señor Casaubon no le gustaban las visitas de su primo durante su propia ausencia. «Tal vez me haya equivocado en muchas cosas», se dijo la pobre Dorothea para sus adentros, mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas y tenía que secárselas deprisa. Se sentía confusamente infeliz, y la imagen de Will, que antes le había resultado tan clara, se había estropeado misteriosamente. Pero el carruaje se detuvo a la verja del hospital. Pronto estuvo paseando alrededor de los parterres de césped con Lydgate, y sus sentimientos recuperaron la firme inclinación que la había llevado a buscar esta entrevista.
Will Ladislaw, por su parte, estaba mortificado y conocía la razón con suficiente claridad. Sus oportunidades de ver a Dorothea eran escasas; y he aquí que, por primera vez, se había presentado una ocasión que lo colocaba en desventaja. No era solo, como hasta entonces, que ella no