el mismo efecto se considera a la luz de mis responsabilidades—, declarar de inmediato que su aceptación de la propuesta arriba indicada me resultaría altamente ofensiva. Que tengo cierto derecho a ejercer un veto en este asunto, no creo que fuera negado por ninguna persona razonable conocedora de las relaciones entre nosotros: relaciones que, aunque relegadas al pasado por su reciente proceder, no quedan por ello anuladas en su carácter de antecedentes determinantes. No haré aquí reflexiones sobre el juicio de nadie. Me basta con señalarle a usted mismo que existen ciertas conveniencias y decencias sociales que deberían impedir que un pariente bastante cercano mío llegue a destacar de ningún modo en estas inmediaciones en una condición no solo muy inferior a la mía, sino asociada en el mejor de los casos al diletantismo de aventureros literarios o políticos. En cualquier caso, el resultado contrario deberá excluirle de ser recibido en adelante en mi casa».
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