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nydus/MiddlemarchPublic
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LX

La venta del señor Larcher resultaba tanto más atractiva con aquel buen tiempo cuanto que la casa se alzaba justo a las afueras del pueblo, con un jardín y cuadras anejos, en esa agradable salida de Middlemarch llamada Camino de Londres, que era también la vía hacia el Nuevo Hospital y la retirada residencia del señor Bulstrode, conocida como Los Arbustos. En suma, la subasta equivalía a una feria y atraía a todas las clases con tiempo libre a su disposición: para algunos, que arriesgaban posturas con el único fin de encarecer los precios, era casi igual a apostar en las carreras. El segundo día, en el que se había de vender el mejor mobiliario, «todo el mundo» estaba allí; incluso el señor Thesiger, el rector de San Pedro, se habia dejado caer por un breve espacio de tiempo con el deseo de comprar la mesa tallada, y habia rozado los codos con el señor Bambridge y el señor Horrock. Había una guirnalda de damas de Middlemarch acomodadas con asientos alrededor de la gran mesa del comedor, donde el señor Borthrop Trumbull se hallaba montado con atril y martillo; pero las filas, compuestas principalmente de rostros masculinos al fondo, se veían a menudo alteradas por entradas y salidas tanto por la puerta como por el gran ventanal abovedado que se abría hacia el césped.

Aquel día, «todo el mundo» no incluía al señor Bulstrode, cuya salud no llevaba muy bien las aglomeraciones ni las corrientes de aire. Pero la señora Bulstrode tenía un interés especial en adquirir un determinado cuadro —una Cena de Emaús, atribuida en el catálogo a Guido— y, en el último momento antes del día de la subasta, el señor Bulstrode se había pasado por la oficina del Pioneer, del cual era ahora uno de los propietarios, para rogarle al señor Ladislaw, como un gran favor, que tuviera la amabilidad de emplear su notable conocimiento de pintura en nombre de la señora Bulstrode y evaluara este cuadro en particular «si —añadió el escrupulosamente cortés banquero— la asistencia a la subasta no interfiere

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