—¡Ah! ¡Mister Ladislaw! ¡El marco solo vale eso! ¡Damas y caballeros, por el prestigio de la ciudad! Imaginen que más adelante se descubriera que ha habido una joya artística entre nosotros, en esta ciudad, y que nadie en Middlemarch se hubiera percatado. Cinco guineas—cinco siete seis—cinco diez. ¡Vamos, damas, vamos! Es una joya, y «muchas joyas», como dice el poeta, se han dejado marchar a un precio simbólico porque el público no sabía apreciarlas, porque se ofrecía en círculos donde había—iba a decir un sentimiento mezquino, ¡pero no!—Seis libras—seis guineas—un Guydo de primera categoría a punto de irse por seis guineas—es un insulto a la religión, damas; nos afecta a todos como cristianos, caballeros, que un tema como este se venda por una cifra tan baja—seis libras diez—siete—
La puja fue animada, y Will siguió participando en ella, recordando que la señora Bulstrode tenía un gran deseo de quedarse con el cuadro y pensando que podría estirar el precio hasta doce libras. Pero se lo adjudicaron en diez guineas, tras lo cual se abrió paso hacia el ventanal y salió. Prefirió ir bajo la carpa a buscar un vaso de agua, ya que