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nydus/MiddlemarchPublic
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Preludio

¿Quién de los que se interesan profundamente por la historia del hombre, y por cómo se comporta esa misteriosa mezcla bajo los cambiantes experimentos del Tiempo, no se ha detenido, al menos brevemente, en la vida de santa Teresa, no ha sonreído con cierta ternura ante el pensamiento de la pequeña que salió un día de la mano de su hermano aún más pequeño, para ir a buscar el martirio en tierra de moros?

Salieron tambaleándose de la áspera Ávila, con los ojos muy abiertos y aspecto desvalido como dos cervatillos, pero con corazones humanos que ya latían al compás de un ideal nacional; hasta que la realidad doméstica les salió al encuentro en forma de tíos, y los hizo desistir de su gran propósito.

Aquella peregrinación infantil fue un comienzo adecuado. La naturaleza apasionada e ideal de Teresa exigía una vida épica: ¿qué eran para ella las novelas de caballería en muchos volúmenes y las conquistas sociales de una muchacha brillante?

Su llama consumió rápidamente ese combustible ligero; y, alimentada desde dentro, se elevó en busca de una satisfacción ilimitada, de algún objeto que nunca justificara el hastío, que reconciliara la desesperación de uno mismo con la éxtasis de la conciencia de una vida más allá del ego.

Encontró su epopeya en la reforma de una orden religiosa.

Aquella mujer española que vivió hace tres cientos años, ciertamente no fue la última de su especie. * Muchas Teresas han nacido que no hallaron para sí una vida épica en la que hubiera un despliegue constante de acciones de

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