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nydus/MiddlemarchPublic
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Table of Contents

LVIII

Rosamond was soon looking lovelier than ever at her worktable, enjoying drives in her father’s phaeton and thinking it likely that she might be invited to Quallingham.

She knew that she was a much more exquisite ornament to the drawing-room there than any daughter of the family, and in reflecting that the gentlemen were aware of that, did not perhaps sufficiently consider whether the ladies would be eager to see themselves surpassed.

Lydgate, aliviado de la preocupación por ella, recayó en lo que ella en su fuero interno llamaba sus accesos de mal humor⁠—un término que para ella abarcaba su pensativa preocupación por otros temas que no fuesen ella misma, así como esa mirada inquieta en el entrecejo y el rechazo a todas las cosas ordinarias como si estuvieran mezcladas con hierbas amargas, lo cual en realidad constituía una especie de barómetro de su irritación y sus presentimientos. Estos últimos estados de ánimo tenían una causa, entre otras, que él había evitado generosa pero erróneamente mencionar a Rosamond, por miedo a que afectara su salud y su ánimo. Entre él y ella existía en verdad ese desencuentro total de sus respectivos caminos mentales, que es demasiado evidentemente posible incluso entre personas que piensan continuamente la una en la otra. A Lydgate le parecía que se había pasado mes tras mes sacrificando más de la mitad de su mejor propósito y de su mejor energía por su ternura hacia Rosamond; soportando sus pequeñas exigencias e interrupciones sin impaciencia y, sobre todo, soportando, sin traicionar amargura alguna, contemplar a través de cada vez menos ilusiones interpuestas la superficie en blanco y sin reflejos que la mente de ella oponía a su ardor por los fines más impersonales de su profesión y de su estudio científico, un ardor que él había imaginado que la esposa ideal debía de algún modo venerar como sublime, aunque no supiera en absoluto por qué.

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