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nydus/MiddlemarchPublic
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LIV

—¡Dios santo! —prorrompió Will con pasión, incorporándose, con el sombrero aún en la mano, y alejándose hacia una mesa de mármol, donde de pronto se dio la vuelta y apoyó la espalda en ella. La sangre le había subido al rostro y al cuello, y parecía casi enfadado.

Le había parecido como si fueran dos criaturas que se iban convirtiendo lentamente en mármol la una en presencia de la otra, mientras sus corazonadas estaban despiertas y sus ojos anhelaban. Pero no había remedio. Jamás se diría de él que, en aquel encuentro al que había acudido con amarga determinación, había terminado haciendo una confesión que pudiera interpretarse como una súplica por su fortuna.

Además, era rigurosamente verdad que temía el efecto que tales confesiones pudieran causar en la propia Dorothea.

Ella lo miró desde esa distancia con cierta inquietud, imaginando que sus palabras podían haber resultado ofensivas. Pero todo el tiempo fluía en ella una corriente de pensamientos acerca de la probable falta de dinero

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