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nydus/MiddlemarchPublic
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LVII

Fred se extrañó un poco de aquel lenguaje tan firme, pero solo dijo: —Espero que no sea así conmigo, señora Garth, ya que tengo ciertos ánimos para creer que podré conquistar a Mary. ¿El señor Garth le ha hablado de eso? Supongo que no le habrá sorprendido. —Termino Fred, refiriéndose inocentemente tan solo a su propio amor como algo probablemente bastante evidente.

—¿No te sorprende que Mary te haya dado ánimos? —replicó la señora Garth, que consideraba conveniente que Fred fuera más consciente de que los amigos de Mary jamás habrían podido desear esto de antemano, por mucho que los Vincy se lo imaginaran.

—Sí, confieso que me sorprendió.

—Ella nunca me dio ninguna, ni la más mínima del mundo, cuando hablé yo mismo con ella —dijo Fred, ansioso por reivindicar a Mary—. Pero cuando le pedí al señor Farebrother que hablara por mí, ella le permitió decirme que había una esperanza.

El poder de admonición que había empezado a agitarse en la señora Garth aún no se había descargado del todo. Era demasiado irritante, incluso para su autocontrol, que este jovenzuelo florido prosperara a costa de las desilusiones de personas más tristes y sabias —dándose un banquete con un ruiseñor sin jamás darse cuenta— y que, mientras tanto, su familia supiera que la de ella estaba necesitada con ansiedad de este retoño; y su disgusto había fermentado con más fuerza debido a su total represión hacia su marido. Las esposas ejemplares a veces encuentran cabezas de turco de este modo. Ella dijo ahora con enérgica decisión:

—Cometiste un gran error, Fred, al pedirle al señor Farebrother que hablara por ti.

—¿Lo hice? —dijo Fred, enrojeciendo instantáneamente. Estaba alarmado, pero sin saber a qué se refería la señora Garth, y añadió, en un

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