CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/MiddlemarchPublic
Página 194 de 962
Table of Contents

XIII

El señor Bulstrode también adoptaba una actitud respetuosa y deferente al escuchar, con una atención en los ojos de apariencia tan fija que quienes se creían dignos de ser escuchados deducían que estaba intentando sacar el máximo provecho de su discurso.

A otros, que no esperaban destacar demasiado, les desagradaba esta especie de linterna moral apuntándoles. Si uno no se siente orgulloso de su bodega, no experimenta ninguna emoción de satisfacción al ver que un invitado levanta su copa de vino hacia la luz y adopta una actitud de juez. Esos placeres están reservados para el mérito consciente.

Por tanto, la estrecha atención del señor Bulstrode no era del agrado de los publicanos y pecadores de Middlemarch; unos se la atribuían a que era un fariseo, y otros a que era evangélico.

Los razonadores menos superficiales de entre ellos querían saber quiénes habían sido su padre y su abuelo, observando que hacía veintiséis años nadie había oído hablar jamás de un Bulstrode en Middlemarch.

Para su actual visitante, Lydgate, aquella mirada escrutadora le era indiferente: simplemente concibió una opinión desfavorable de la constitución física del banquero y dedujo que este llevaba una vida interior intensa con escaso disfrute de las cosas tangibles.

—Le estaré sumamente agradecido si pasa a verme por aquí de vez en cuando, señor Lydgate —observó el banquero, tras una breve pausa. > —Si, como me atrevo a esperar, tengo el privilegio de encontrar en usted a un valioso colaborador en el interesante asunto de la gestión del hospital, habrá muchas cuestiones que necesitaremos debatir en privado. En cuanto al nuevo hospital, que está casi terminado, consideraré lo que ha dicho sobre las ventajas de destinarlo especialmente a las fiebres. La decisión dependerá de

194